sábado, 12 de abril de 2014

Encerrados

Siempre me han atraído los puertos, me encantaba deambular por las orillas de los amarres de los grandes y pequeños barcos, tenía anhelo de navegar, y pensaba en las personas que hacían grandes viajes en embarcaciones de todo tipo.
He nacido en un puerto maravilloso, Vigo, que casi no conozco, ya que con cerca cinco años, nos hemos embarcado con rumbo a Valparaíso, al otro lado del mundo. (Ahora el mundo ha encogido, y todo es, a la vuelta de la esquina); el viaje duro 27 días en el transatlántico ingles El Reina del Pacifico. No fue un viaje corto, menos aún para aquellos tiempos, pero tengo un vivido recuerdo de muchos detalles, las esclusas del Canal de Panamá y el puerto de la Habana, además de un accidente durante la travesía, con un "hombre al agua"; pero bueno, esto, como decían en “La historia Interminable”, es tema de otro relato. Pero durante una larga temporada, he vivido, en la falda de la Cordillera de los Andes, cosa que también tiene su encanto, ya lo creo; pero el mar, es algo que lo necesitaba, así que me las arreglaba para ir a la costa, muy seguido.
En aquellos tiempos, no había cortapisas, ni tantos controles, para acercarse al puerto donde estaban los grandes barcos.

Desde ya hace unas cuantas decenas de años, vivo en una isla maravillosa y como no, podías visitar los muelles, podías pescar en ellos, pasear. Había un estupendo paseo hasta uno de los faros de entrada, en que hay una vista magnifica de la ciudad; en ese dique he pescado Bonitos, he hecho mil fotos y he contemplado el ir y venir de grandes cargueros, imponentes cruceros y todos los veleros del mundo, desde la punta del dique, donde está el faro.
Está claro que alguien que se ha creído con poderes omnímodos, y que posiblemente, le pagásemos el sueldo entre todos; no se le ha ocurrido algo más gracioso, que ponerle rejas y candados al dique, y guardia y barreras al puerto y no es que hayan “encerrado” al puerto, no, me han encerrado a mí, para que no tenga acceso al puerto, ni al dique, ni al faro. Alguien al que le hemos dado poder para encerrarnos.
Recuerdo como me gustaba también ver despegar y aterrizar los aviones, esto es como las patatas fritas, le gusta a todo el mundo, niños y grandes. Hay una escena de una película muy recomendable, que se llama “Un Cuento Chino”, donde su personaje principal, interpretado por el actor, Ricardo Darín, se va de picnic cerca de un aeropuerto a ver despegar aviones.
Las terrazas de los aeropuertos, con vistas a las pistas, eran una delicia para grandes y pequeños. Pues “adiós muy buenas”, encerrados fuera, nada de vistas.
Bueno, a muchos les parecerá normal que para entrar a muchos sitios, además de otras cosas tengas que firmar y mostrar o dejar el carnet de identidad. La seguridad es lo más importante.

Pero esto no es todo, os gusta pasear por el campo o la montaña, a pie, en bicicleta, o en coche, os habéis dado cuenta, que podemos recorrer todo un enorme territorio, completamente cercado, sin terreno libre.

Estamos encerrados y lo peor es que no nos dan ni alpiste.

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