Ese impertinente implacable, el Tiempo.
Os suena esa frase
de, “pero que grande está este niño”; o cuando confidencialmente se comenta a
“soto voce”, “se le ve muy mayor ¿no?”.
Es inevitable pensar en el tiempo, en el de los demás, claro. Tardamos un poco
más en ver el efecto en nosotros mismos. Hasta en detalles de llegar tarde, nos
parece menos, que cuando esperamos. Un efecto singular sobre el efecto del paso
del tiempo, en periodos cortos o largos. “El que espera, desespera”, debe haber
muchos refranes referidos al tiempo, pero este resulta muy gráfico.
Suelo decirles a mis
hijas/os, aprovechadlo, el tiempo no se puede ahorrar, solo se puede gastar.
Y como todo, es algo finito; solo que tardamos en entenderlo. En nuestros primeros años, pareciera que el tiempo es casi eterno, en lo que a nosotros se refería, como de costumbre, no a los demás, los demás siempre parecen tener un tiempo más limitado; de hecho hemos llegado a sentir, no creer; que son los demás, los que mueren, “se les termino su tiempo”, aunque algunas veces, con un piadoso, “y no era muy mayor”.
Y como todo, es algo finito; solo que tardamos en entenderlo. En nuestros primeros años, pareciera que el tiempo es casi eterno, en lo que a nosotros se refería, como de costumbre, no a los demás, los demás siempre parecen tener un tiempo más limitado; de hecho hemos llegado a sentir, no creer; que son los demás, los que mueren, “se les termino su tiempo”, aunque algunas veces, con un piadoso, “y no era muy mayor”.
La edad es como el
horizonte, vamos caminando hacia él, pero siempre está a la misma distancia,
hasta que llega un momento en que vemos que nos acercamos a él; en esa etapa,
donde es mayor el camino recorrido, que el que queda por recorrer. Entonces, el
horizonte empieza a acercarse. Y el tiempo cobra un valor, diferente, mucho mas
limitado.
Algunas veces digo que
los hijos, son nuestros calendarios, si no fuese por ellos, esa percepción del
tiempo, se nos antoja diferente. Cuando sentamos al niño en su cochecito, donde
sus pies aún le quedan lejos del reposa pies, parece que en un suspiro, llega el
momento en que ya posa sus zapatitos en el reposa pies y sus rodillas están por
encima del nivel del asiento y luego ya es un no parar, “como ha pasado el
tiempo”, exclamamos, cuando ya están en la universidad, o en sus empleos, o
cuando aparecen los nietos en casa; pues, los calendarios. No hay medida más
directa para medir el tiempo. “¿Cuándo paso tal cosa?, pues hace tantos años,
Pepito, tenía 8 años”, “¿ha pasado tanto
tiempo?, increíble”. No hay forma más efectiva de medir, “nuestros tiempos”.
Estos son nuestros calendarios; aunque los espejos también ayudan.
Recuerdo cuando volví
a ver a un amigo muy cercano, después de 10 años, al verlo, se me cayó el alma
al suelo, tuve que esforzarme para que no se notara mi asombro, por verle tan
mayor; fue toda una lección; mi reacción duro algo menos de algunos segundos,
ya que vi con toda claridad, que a él, le sucedía exactamente lo mismo, con
respecto a mí. Así que desde entonces, cuando veo a gente que no he visto en mucho tiempo, ya asumo
primero que nada, que los dos nos encontraremos pintados por la patina del
tiempo. Aunque hay algunas personas, y no me refiero a “Dorian Gray”, que
llevan los años sin que se les note en absoluto. Con esta gente que tiene esa
fortuna de conservarse tan espléndidamente, te sucede que aunque sean bastante
mayores que tú, parece que con el tiempo les has alcanzado y rebasado y el
mayor pareces tú. Si, conozco a alguien así y os aseguro que no tiene en casa,
ningún cuadro macabro. (Saludos Pepe, un primo).
En fin, eso de lo que tanto hablamos, tanto
más, como tanto menos sea nuestro horizonte, parece razonable que no nos
preocupemos de el muy pronto, quizás nos coartaría los grandes planes
intemporales, que nos ilusionan y ocupan en los primeros tiempos; aunque hay
quien podría decir, que esta falta de preocupación, también lleve implícita una
falta de previsión; pero ¡qué narices!, para cuatro días locos que vamos a
vivir, como dice la canción, pues ¡a vivir, que son dos días! Disfrutemos el instante.
El tiempo
siempre, ya ha pasado.
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