Viernes, 08 de julio de 2011
Cuento corto CF
El Extraño
Extraño.
I
30/06/2012 14:16
Era alto, no demasiado, algo más que Ernesto, (mi marido), así que andaría por los 1,85. Estaba muy tranquilo, o eso parecía, mirada serena, ojos verdes grises, o azules claros grises, no lo tengo claro, en cualquier caso preciosos. Solo miraba si le hablaban, y lo hacía directamente, con expresión relajada y firme a la vez, no parecía querer intimidar, pero lo hacía, prácticamente nadie le mantenía la mirada. Bestia con cierta elegancia informal y aunque se insinuaba un cuerpo fuerte, tenía una figura estilizada. Desde luego el conjunto resultaba muy atractivo, cuando hablaba, su voz era un poco grave, pero agradable y vocalizaba, diría que a la perfección, aunque no pronunciaba las ce ni las cetas, como algunos sudamericanos, no tenía ningún acento de alguno de esos países, al menos yo, no podía relacionarlo, hablaba pausadamente, y con gran seguridad, se notaba el léxico de una persona culta, de hablar fluido, claro y contundente muchas veces. Me llamo la atención, porque era algo que casi nunca sucedía, en todo tipo de juicios; cuando hablaba, jamás le interrumpían, al menos me resulto raro.
Ya habían declarado una joven, muy hermosa por cierto, sus padres y era el momento en que después de que su abogado y el, hubiesen negado todos los cargos, en relación a abusos sexuales a una supuesta menor, (que luego resulto mayor), y el fiscal, Ernesto, mi marido, le estaba haciendo una serie de preguntas, que realmente, parecían afirmaciones, el lo escucho sin interrumpirlo y espero a que terminara y le invitara a responder: Había sido muy duro en sus conjeturas y había sembrado más que dudas, sobre el, el acusado. Rubén Reins, así se llama, empezó mirando fijamente al fiscal, este no pudo sostener su mirada más de unos segundos; su voz era más grave de lo habitual, rozando el enfado.
.-Cuando antes señor fiscal, se me pregunto, como me declaraba, ante los cargos, declare con toda claridad que era inocente, pero usted, aunque solo tiene la declaración de la demandante, ya que esta no ha aportado, ni pruebas ni testigos, solo su palabra frente a la mía y a la de los testigos, que todo lo que han podido declarar, es que nos han visto hablar en un parque público, a plena luz del día y que en ningún momento, han declarado que entre la demandante y quien habla, hubiese contacto físico alguno, más aun, han declaro todos con seguridad, que no solo no había contacto físico alguno, si no que la conversación que parecíamos mantener, se realizaba a una distancia, que entre los dos, podrían haber cabido, hasta dos personas. A pesar de todo esto, usted se ha empeñado, no solo en dar por hecho la versión de la demandante, si no que me ha descrito como a un verdadero monstruo, me ha llamado usted pervertido, pederasta, violador, cobarde, en fin señor, que lo más ligero que usted me ha llamado es “consumado petimetre sinvergüenza”. No ha sido usted, ni amable, ni imparcial, ni de acuerdo a las pruebas de este caso, considerado de ninguna forma conmigo, así que queda usted advertido, que o me trata, con la presunción de inocencia que toca y con un mínimo de educación, o tendrá que atenerse a las consecuencias, no suelo permitir que se me insulte, injurie y humille gratuitamente. No volveré a decírselo.
Ernesto estaba rojo de indignación, la sala entera estaba atónita, no había precedente alguno, que algún demandado, hubiese hecho una declaración de esta laya, sin ser interrumpido directamente por el Juez, terminar además con una amenaza directa al Fiscal, ya era prácticamente constitutivo de delito, todo el mundo estaba expectante, miraban al Juez y al fiscal, para ver quién iba a contestar, o si lo iban a sacar directamente de la sala, nadie movió un dedo, nadie abrió la boca, así que Ernesto no pudo contener toda su ira, que se había imaginado ese mequetrefe, de faltarle el respeto, públicamente y delante del tribunal, no entendía como el Juez, a quien conocía de toda la vida, en realidad, era un amigo de la familia, el Juez Maldonado, era un habitual en nuestra casa, mas de algún fin de semana, Ernesto estaba prácticamente, fuera de sí, nunca lo había visto, tan furioso, se levanto y prácticamente gritando, inclinando su cuerpo hacia el acusado, como si quisiera saltar sobre el, empezó a decir, no, a casi gritar.
.- ¡Pero que se ha imaginado usted!, está aquí por violador, ¡depravado!, como se le ha ocurrido que puede faltarme el respeto y además amenazarme, desgraciado, canall..... No alcanzo a terminar, el acusado le miraba directamente con rostro severo, su mirada estaba fija en Ernesto, este empezó a hacer ese ruido gutural, de las personas cuando no pueden respirar, se tocaba la garganta y se estaba poniendo rojo encendido, nadie reacciono de forma instantánea, me parecieron horas, esos segundos, que se quedo desesperado, intentando respirar, pero solo salía de su garganta un agudo sonido, que venía de su interior, de su desesperación por aspirar una brizna de aire, pero no podía, todo el mundo se puso de pie, yo también, con la intención de ir en su socorro, pero nadie dio un paso, todos nos quedamos como congelados en el tiempo, el único que seguía sentado era el acusado, que seguía con la mirada clavada en Ernesto. En un instante Ernesto cayó sobre sus rodillas y empezó a respirar agitadamente, se incorporo a su asiento y pálido como una hoja de papel. Se quedo quieto y callado, con la vista clavada en el suelo. Pasaron unos segundos eternos y se rompió el silencio con la voz del Juez
.- Señor fiscal, ¿se encuentra usted bien?
Ernesto asintió solo con la cabeza
.- No desea un receso y continuar más tarde, o solicitar un aplazamiento?
Ernesto negó con la cabeza sin pronunciar palabra.
Nuevamente el Juez se dirigió al Fiscal, por si tenía algo más que decir; este volvió a negar con la cabeza.
Entonces le solicito el Juez, si mantenía la acusación que había expresado antes. Volvió a negar con la cabeza. Insistió el Juez sorprendentemente, le pregunto.
.- No desea usted plantear ningún cargo contra el acusado?
Volvió a negar con la cabeza.
.- Debo entender Señor Fiscal que no va a acusar al Sr. Reins de ningún cargo?
Volvió a asentir con la cabeza.
Entonces el Juez, con la acostumbrada voz ceremonial dijo
.- Al no haber ni pruebas ni cargos en contra, del Ministerio Fiscal, este tribunal declara inocente de todos los cargos al Sr., Reins. Caso cerrado.
Después de dar el golpe de maza, siguió, sorprendiendo a todos, ya que el caso había
quedado cerrado. Seguía por lo tanto, un caso sorprendente. Dirigiéndose al Sr. Reins
.- Sr. Reins le comunico que estaría en su derecho, si así lo desea de demandar a quien le ha demandado, por falsa denuncia.
.- Gracias Señoría, no lo haré, siempre y cuando la señorita Katia Ivanova , tenga a bien, aquí y ahora, decir la verdad de los hechos. Dirigió la mirada a Katia, una escultural chica de unos 20 años, con figura de modelo y de un atractivo sensual increíble, ella le devolvió la mirada y no dijo nada.
Entonces el Juez se dirigió a ella.
.- Señorita Ivanova, puede hablar si lo desea, pero que sepa que no está obligada y que lo que diga, no será vinculante en este Juicio, ya que lo he dado por cerrado. Usted dirá si lo desea.
Le devolvió la mirada al Juez, y empezó a hablar.
.- La verdad es que no me toco, ni amenazo; pero si es verdad que el vino a mí y me hablo. Me sentí un poco intimidada, pero era tan agradable y esos ojos tan especiales, que me quede como atontada, casi como hipnotizada, me sentía tan atraída, igual que si me empujara hacia el, percibí que el estaba notoriamente excitado, me sentí aturdida, por mi propio deseo, estaba sorprendida y asustada de mis propios pensamientos; así que decidí salir corriendo desesperada; mas adelante un policía me paro y me pregunto si me pasaba algo; le dije que habían intentado violarme hace un momento. Lo demás ya lo conocen. No sé como lo hizo, pero desde luego que algo intento, aunque no me forzara físicamente, de alguna manera lo estaba haciendo, aunque no me tocara.
Katia se levanto y salió de la sala con paso rápido y sin mirar a nadie.
La gente empezó a abandonar la sala. Yo aun no despertaba de lo que había sucedido. Vi a Ernesto acercarse al Sr. Reins, (mas adelante me contó, lo que sucedió). El Fiscal visiblemente pálido y traspuesto, se acerco y con voz temblorosa, casi sollozando le pregunto.
.- ¿Qué me ha hecho?
Reins lo miro un segundo, y luego dirigiendo su mirada hacia mí, (sorprendentemente le dijo).
.- Dos cosas. Lleve a su mujer a un buen oncólogo, tiene cáncer de garganta, Y no me vuelva a hablar, podría no ser bueno para usted. Se dio media vuelta y empezó a caminar hacia la salida.
Ernesto vino hacia mí temblando, me quedo mirando un momento, y me dijo.
.- Tenemos que ir al médico.
.- Por su puesto cariño, vamos. Y lo cogí del brazo y salimos, (como quien sale de un sueño, una pesadilla), solo era el principio.
Teníamos un buen amigo que era medico, Luís Basauri, había sido compañero de Ernesto, era un reputado oncólogo, trabajaba en el Hospital General.
En un momento estábamos fuera de los juzgados y cogimos un taxi,
.- Al hospital General. Dijo Ernesto
Le dije que nos quedaba más cerca, La Clínica Alemana , pero no contesto. Teníamos un seguro medico, que justamente incluía esta clínica y habíamos ido algunas veces.
Pensé que querría ver a Luís Basauri, porque quería consultar con alguien de confianza. Así que no dije nada más.
Encontramos a Luís en su laboratorio, sorprendido, ya que nunca le habíamos visitado allí. Yo callada, con la intención de esperar fuera y que hablaran solos. Pero las sorpresas aun no habían terminado.
.- Luís. Empezó a decir, entonces yo dirigiéndome a la puerta, les dije.
.- Os dejo solos, espero fuera
.- No. Dijo Ernesto, cogiéndome del brazo. Tienes que quedarte
Luís nos miraba sin entender nada. Ernesto continúo.
.- Luís quisiera que examinaras la garganta a Montse, por favor. (Parecía una súplica) Ahora.
Yo cada vez entendía menos de lo que pasaba. Me deje caer en una silla. Luís nos miraba preocupado, hasta que se dirigió a mí.
.- ¿Qué te pasa en la garganta?
.- A mí, nada, yo creía que el que necesitaba un medico, era Ernesto, no yo, a mi no me pasa nada.
Luís nos quedo mirando.
.- Chicos tengo mucho trabajo, así que no estoy para bromas y menos aquí.
Ernesto lo cogió de los hombros, las lágrimas asomaban a sus ojos.
.- Luís haz lo que te he pedido y no me preguntes nada, por favor.
Dos días después, estábamos nuevamente en el laboratorio de Luís, esta vez nos había llamado el. Quería comentarnos los resultados de los exámenes que al final accedió a hacerme. Nos quedo mirando, nosotros sentados frente a el en su escritorio, estaba claro que no quería, o no sabía cómo empezar. Empezó sin preámbulos y yo quería morirme, Ernesto parecía que sabía de ante mano que diría.
.- Montse, tienes cáncer de garganta y está muy extendido.
Luís era un investigador, un sabio en la materia, amigo de toda la vida de Ernesto, era conocido también por su pragmatismo. Después de dejarnos llorar unos minutos y antes de que hiciéramos preguntas, dijo, para terminar.
.- Ni quimio, ni cirugía, ni medicaciones, no hay nada que hacer, que yo recomendaría. 5 meses, más o menos. No tengo más que decir.
Eran las diez de la mañana de ese lunes, habían pasado unos 4 días desde el anuncio fatídico de Luís. Estaba delante de la puerta, ya había cruzado el antejardín, y había tocado el timbre. No sé qué hacía allí, seguía sin entender nada, ni siquiera que me quedasen 5 meses de vida. Se abrió la puerta y allí estaba ese hombre extraño y atractivo. No dijo nada, por un momento yo tampoco. Comencé casi tartamudeando.
.-Sabe quién soy?
.- Si, dijo sin más.
.- Ha sido usted cruel, todo lo que me pasa debe ser culpa suya y yo no le he hecho nada, ¿por qué se ha ensañado conmigo?
Miro brevemente y espero.
.- Yo a usted no le he hecho nada, solo les he alertado de lo que ya les pasaba.
Empecé a llorar como una niña, el me puso una mano en el hombro y me dijo, con la voz más dulce que nunca hubiese soñado escuchar.
.- Vallase a casa y vuelva a que la examinen, puede que se sorprendan.
Me miro con tanta ternura, que no abrí la boca y me fui a casa. A la mañana siguiente, le pedí a Ernesto que me acompañara a ver a Luís.
Le pedí que repitiera todos los exámenes. Luís al principio se negó, dijo que era inútil, que si quería que fuese a otro sitio. Al final se lo volvió a pedir Ernesto y accedió.
A los dos días nos volvió a citar al despacho del laboratorio.
Nuevamente delante de el en ese escritorio, se veía que no sabía por dónde empezar, así que fue directamente al grano, sin más rodeos.
Montse, no entiendo nada, pero estas, completamente sana.
Ernesto y yo, estábamos delante de la puerta de Reins, cuando apareció, no dijo nada. Ernesto le dijo.
.- Solo vengo a darle las gracias.
Reins nos miro y le dijo a Ernesto.
.- Sigue siendo bueno para usted, no volver a hablarme.
Se empezó a dar la vuelta, para entrar, lo cogí del brazo, se giro, le di un beso en la mejilla y lo vi sonreír.
Amé el cuento!, tiene un ritmo genial, los personajes en un "espacio" breve logran construirse perfectamente. Quiero ver una serie de este personaje, muchas historias sobre él y lo que hace, esta debe ser solo una de muchas. Espero leerlas con ansías Papá.
ResponderEliminarLeonor
Gracias.
EliminarMuy bueno. Cómo te atrapa. Me encantó.
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